Gestos de ternura
"Cuando Israel era niño, Yo lo amé... Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí" (Os 11, 1). La experiencia que vengo a contarles ahora es la de la ternura de Dios. Él tiene para con cada uno de nosotros "gestos de ternura". Es como un Padre que nos enseña a andar (caminar), no entendemos que es Él quien nos cuida y conduce...
¡"Nos atrae con lazos humanos, con ataduras de amor"! Nos deja libres a nuestra propia voluntad, no nos evita los males. Es un Padre muy paciente. Y nosotros somos sus niños/niñas mimados por Él-Dios; no es un hombre, por eso olvida todas nuestras faltas. "Él ama la vida" (cf. Sab 11, 26).
¿Cómo se hace concreta en lo cotidiano esta ternura divina? En el abrazo tierno e inocente de una niña, a través de una sonrisa, una mirada; son segundos de eternidad, que si te das cuenta te alegrará el día, la semana y toda la vida, empero también podría pasar desapercibida.
Son gestos sinceros, gratuitos, gestos de ternura que transforman el alma de quien los recibe. Son confirmaciones del amor de Dios a cada uno de nosotros, que nos ayudan a experimentar la paternidad divina tan cercana, tan real... Y la filiación, la adopción como hijos amados de nuestro Padre eterno.
Gracias, Señor, por sostenernos. Por esos dones gratuitos que no son personales, sino para sanar, sostener y salvar a los que no tienen esperanzas. "Es un tiempito de gracia"... Gracias por atraernos con lazos de amor, por no soltarnos, por cuidarnos. Alabamos, adoramos, contemplamos tu corazón que se subleva contra ti y porque, en vez de ira, se enciende toda tu ternura. Amén.

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