Contemplar, pensar, rezar
Amanece en la ciudad
de Mayor Martínez y la agenda marca: acompañar la procesión náutica en Itá
Corá. Pasan a buscarme de la Comunidad Religiosa a las 07:00 y emprendemos
viaje en medio de una intensa niebla, nunca antes vista y por nosotros hasta el
momento desconocida. Teníamos un objetivo, un compromiso, una cita que cumplir;
nos movía la fe.
Llegamos al Puerto de Itá Corá, ya había gente esperando, la panadería de la esquina estaba abierta con chipá caliente, facturitas, tortas y masas dulces. En el muelle dos lanchas de pasajeros esperando a ser abordadas, las personas que ya pasaron por migraciones charlaban y tomaban mate esperando el momento de zarpar.
En la Capilla Nuestra
Señora de Caacupé estaban preocupados porque no llegaba el diácono, como no
tenía señal de celular lo había puesto en modo avión riéndome y diciendo: “si
no me quisiste con señal nacional, no me busques con roaming internacional” y a
partir de ese momento el teléfono pasó a ser sólo un reloj.
Voy a la capilla
acompañado de un sacerdote, saludamos a los presentes, nos revestimos, hicimos
una oración de inicio y emprendimos la bajada con la imagen de la Virgen de
Caacupé al río, donde se encontraba la embarcación que la llevaría a surcar las
aguas del majestuoso Río Paraná. Globos, banderas patrias, papales, lienzos
tricolores, globos, flores, danzarinas, custodios elegantemente vestidos para
la ocasión. Niños, mujeres y varones
emprendimos la peregrinación de fe donde dos imágenes de Nuestra Señora se
encuentran en las aguas.
Nuestra Señora de Caacupé y Nuestra Señora de Itatí, dos imágenes, una sola y única madre, María, acompañando nuestro peregrinar en la vida. Las excusas: un aniversario de coronación pontificia, una promesa, un pedido, una acción de gracias. Y, sin embargo, se da el encuentro, no sólo con Ella, sino que nos conduce a su Hijo, Jesús; camino, verdad y vida.
Una vez zarpadas las
lanchas, empieza la travesía en medio de la densa niebla, la visibilidad estaba
reducida solo a unos pocos metros. Nos mueve la fe, no obstante, necesitamos de
un capitán que sepa conducirnos. Ver tanta niebla, tantas embarcaciones,
pequeñas, medianas y grandes me llevaron a contemplar lo que estaba sucediendo
a mi alrededor. Nuestra vida estaba reflejada en la imagen que veían mis ojos,
confiábamos en el capitán, no sabíamos dónde estábamos, pero sí a donde queríamos
llegar.
Contemplar era en ese instante, estar atento a cada gesto, mirar hacia adelante, a los costados y atrás en todo momento. Sentías que estabas completamente entregado a confiar en una sola persona, tranquilarte porque no podías hacer nada, era dejar que las cosas fluyan. Mirabas hacia adelante y no veías a más de veinte metros, mirabas al costado y te encontrabas con el follaje de las pequeñas islas de los brazos del río; mirabas atrás y las pequeñas embarcaciones siguiendo a la principal que llevaba la imagen de María.
Mirada al frente, pecho saliente y manos juntas; la Capitana que nos guiaba sin demora, confiada en lo que estaba haciendo movía el corazón valiente de su hijo, nuestro capitán. Salimos al gran Paraná y parecía no mejorar la visibilidad. Más adelante, ya casi al llegar el sol venció la entonces neblina y el casi centenar de pequeñas embarcaciones se dejaron ver, la alegría se reflejó en cada uno de los peregrinos náuticos.
Dos imágenes, dos
advocaciones, una misma y única madre; embarcada sobre las aguas, deslizándose,
bendiciendo a todos a su paso. Sólo salía expresar nuestro ”Aguyje Tupãsy María! Aguyje!” ¡Gracias Madre María! ¡Gracias!
Se dio el encuentro
entre dos imágenes, dos pueblos, dos naciones, unidos por el mismo río, la
misma madre y la misma raza. Decir Caacupé-Itatí, Itá Corá-Itatí,
Paraguay-Argentina, Ñeembucú-Corrientes, Río Paraná, María, guaraní; se resumen
en la sola palabra, fe.
Fe en una sola madre,
que entiende de lenguas, de miradas, de preocupaciones, de necesidades. Ella
nos conoce, nos ama, nos conduce y nos atrae hasta su Hijo, Jesús, con gestos
de ternura y lazos de amor.
A continuación, un
fragmento de la carta de San Luis Orione de 1920, una contemplación hecha
poesía en la Noche de Navidad.
“¡La claridad celestial de esta mística noche de
Navidad
atrae hasta a las almas más alejadas
-peregrinos descarriados o perdidos-,
como la luz de la casa paterna en la oscuridad del bosque!
Oh, luz divina del Niño Jesús!
Suave y santa bondad de Dios
y de la Iglesia de Dios!
Hermanos, obremos con la bondad del Señor,
y así no tendrán que tener miedo de que se pierda la obra que realizan:
toda palabra buena es un soplo de Dios:
todo acto, santo y grande,
de amor a Dios y a los hombres,
es inmortal!
La bondad vence siempre:
tiene un culto secreto aún en los corazones más fríos,
y más solitarios y alejados.
El amor vence al odio;
el bien vence al mal;
la luz vence a las tinieblas!
Todo el odio y todo el mal,
y las tinieblas todas de este mundo,
¿qué son frente a la luz
de esta noche de Navidad?
Nada! realmente nada
frente a Jesús,
frente al Niño Jesús!
Consolémonos y exultemos en el Señor!
Los males de la tierra
no tienen que hacernos perder
la efusión del Corazón de Dios;
la victoria final será suya,
del Señor!
Y el Señor vence siempre en la misericordia!
Todo pasa:
¡sólo Cristo permanece!
¡Es Dios, y permanece!
Permanece entre nosotros para iluminarnos,
para consolarnos,
permanece en su vida terrenal,
para darnos su misericordia!
¡Jesús permanece y vence,
pero en la misericordia!”.
Las tinieblas de
nuestra vida serán disipadas si confiamos en el único capitán que se abrió paso
sobre las aguas, sólo Él podrá sanarnos, desatarnos y hacernos hombres y
mujeres libres. María, es hoy igual que al anuncio del ángel fue sin demora a
visitar a Isabel, ella sale a nuestro encuentro, y en su vientre porta al único
salvador, el sol que nace de lo alto. Así como Ella, dejemos que Él nos resplandezca-ilumine
con su luz y aleje de nosotros todo lo nos aparta de su amor. Vivamos como
hijos de la luz, en pleno día, procedamos dignamente (cf. Rm 13, 13).
Diác. Humberto Ruiz
Díaz, f.d.p.






🙌😍la belleza de la contemplación🙌 ver más allá de nuestras miradas, ver con el corazón ❤️
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