Padre

 Me enseñaste sin ser mi padre

    Hoy es el día del padre, una fecha muy importante para muchos. La pastoral en la Misión este fin de semana tuvo sus desafíos y se vio llena de la Providencia de Dios. Esta mañana presidí dos Celebraciones Eucarísticas. Una a las 07:00 en la Parroquia Virgen del Rosario de Mayor Martínez y la siguiente a las 09:00 en la Parroquia Virgen del Carmen de Desmochados. 

    En la primera celebración el mensaje fuerte fue la antífona del salmo: "Es bueno darte gracias, Señor". Es bueno darte gracias, Señor, en esta fecha por nuestros padres presentes, ausentes y los que ya están en el Cielo. Por los que nos han dado todo lo mejor que pudieron, por los que no supieron valorar el don y por los que han llegado para dar ese calor de padre asumiendo la responsabilidad con la mujer que ama. Podría transcribir todas las palabras y pensamientos surgidos en la predicación, no obstante, quisiera continuar con el relato y el aprendizaje de un viaje poco común.

     

    Para ir a la segunda comunidad, lo tenía que hacer en moto, gracias a la gentileza de una persona, y por mediación de otra, conseguí una motocicleta para ir a llevar tu Palabra y llevarTe (en la forma Eucarística en un copón dentro del bolso). Me prestan la moto, me ofrecen un casco y me explican su funcionamiento. Yo respondí que sabía usar una moto, sin embargo el dueño me explicó cómo arrancarla y la forma de realizar los cambios; un golpe abajo y los demás todos para arriba... Cualquier cosa me llamás.

    Arrancó él la moto, me puse el casco, embragué y primera... se me apagó la máquina. La volví a encender y salí, dejando atrás al dueño. Iba sorprendido porque a pesar de ser una moto antigua, todas las funciones estaban en óptimas condiciones; luces, señaleros, bocina, arranque automático, etc.

    Una vez llegado a la ruta de tierra que me acompañaría por unos 15 km, empecé a sentir el desafío de andar en moto sobre tierra, nada fácil por cierto. Mientras, seguía pensando en la delicadeza del dueño de la moto en explicarme los detalles de la misma. Seguía dando vuelta por mi cabeza: "uno abajo y lo demás para arriba". Automáticamente pensé: ¡no pude ser tan soberbio! He faltado a la humildad. Lo mínimo que podría haber hecho era escuchar todas las indicaciones y ser agradecido por ellas. 

    Fue un padre y maestro conmigo. Mi viaje continuó con los sobre saltos del camino y pensando en que Dios nos habla en todo momento y lo escuchamos si estamos atentos. Él fue un padre y maestro conmigo a través de un hombre sencillo, que a mi arrogancia o soberbia siguió con calma y sin forzar a nada. Se despidió de mí, diciéndome: "cualquier cosa me llamás". Como dándome a entender, si te pasa algo, ya sabés, llamáme. Sabés lo que tenés que hacer.

    Señor, tenés muchas formas de hacerte presente en mi vida, y hoy me dejaste ver tu rostro. Hoy entiendo cosas que antes no comprendía. Hoy sé que sos un padre cercano, atento y expectante... Sí, expectante, a la espera de que acudamos a vos y que se nos caiga el velo de los ojos para contemplarte presente en nuestras vidas en todo momento.

    Papá bueno y paciente, gracias por renovar tu amor por mí y por cada uno de nosotros cada amanecer, gracias por ser fiel en las vigilias de nuestras noches oscuras, cuando todo parece sin sentido. Gracias porque el mal que hice ayer ya pasó, me perdonaste, y me seguís enseñando en cada paso de mi vida. Feliz día Papá del Cielo, papá que estás en mi corazón, papá que estás en toda la creación. Amén.       

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