Lo mirarán a él y nos mirarán a nosotros
"Lo mirarán a él y nos mirarán a nosotros", Don Roberto haciendo alocución a Don Orione después de su canonización en mayo de 2004. Fue una frase que se nos hizo costumbre escuchar en las meditaciones y encuentros entre religiosos y también laicos. Lo cierto es que seguramente, Don Roberto, quiere dejarnos marcado el camino, como diciendo: ahora Don Orione ya es santo, lo tenemos expuesto para la devoción pública, las personas se preguntarán ¿quién es?, ¿qué hizo?, ¿fundó una congregación?, ¿tiene obras? Y allí nos mirarán a nosotros sus hijos. ¿Cómo vivimos -hacemos carne- el Don recibido? ¡Somos herederos de un carisma amplio y riquísimo para nuestra Iglesia! Siendo fieles al carisma recibido, hacemos presente a la Iglesia, esposa amada por Jesucristo; la hacemos presente como Madre cercana, tierna y misericordiosa.
¡Somos Don Orione hoy! Sí, siendo ese puente-nexo-conexión que quiso Don Orione; nuestro distintivo es la Caridad de Cristo que nos apremia, nos impulsa, nos urge. Si llenamos los surcos de todas las realidades de nuestros niños, jóvenes y de todas las personas que se acercan a nosotros, podemos ser el bálsamo que cure sus heridas y se vuelvan a la Iglesia. Una vez más el binomio Papa-Pobres nos tiene que sonar fuerte, nos tiene que hacer ruido, nos tiene que incomodar. La Iglesia tiene que salir del encierro de una vez por todas e ir a las periferias existenciales de la vida. Para que el Pueblo vaya a Cristo, necesitamos primero ir a él. Y acá pienso que es ambigua la frase que acabo de escribir, pero me viene bien, porque para ir al Pueblo primero debemos llenarnos de Cristo, de manera que de la abundancia del corazón hable la boca. Y allí una vez Cristo presente en los corazones de las personas querrán más e irán a buscarlo. Irán a buscarlo a la fuente, beberán de Él y recibirán de Él agua viva.
Don Roberto, tu muerte no nos entristece, al contrario, nos anima, nos invita a soñar y a trabajar por nuestros anhelos, por ese deseo sembrado en cada corazón. Nos queda, a los que te conocimos de cerca, tu ejemplo de padre atento, que sabe escuchar a sus hijos y que los ayuda a discernir en cada situación de la vida. Trabajaste hasta el final de la jornada, sos de esos jornaleros contratados bien temprano y que al final del trabajo recibís la misma paga, pero eso no te incomoda, porque conocés de gratuidad, conocés y aceptás los misterios de Dios. Me queda repetir el sentimiento de un hermano: "Don Roberto, sexto sucesor, siervo bueno y fiel entra a formar parte del Banquete del Reino de Dios". ¡Hasta la eternidad!
Diác. Humberto Ruiz Díaz, f.d.p.

💕Se suma a los Santo de nuestros tiempos 💕
ResponderEliminar