Cavar juntos nuestro pozo
Córdoba, 23 de octubre de 2023
“Cavar juntos nuestro pozo”
(Vos y yo, Señor)
¿Qué es lo que hacemos cuando nos acercamos a ti, Señor? Volvemos a actualizar en cada uno la escena de Jesús junto al Pozo de Siquem. Venimos a decirte, usando las mismas Palabras de tu Hijo: «Dame de beber» (Jn 4, 10). ¿Con qué sacaremos el Agua? ¿El pozo es profundo y no tenemos nada con qué sacarla? Es allí donde nos detenemos, esperamos y confiamos.
Porque esa agua se nos dará por pura Gracia, se nos dará gratuitamente… ¿Cuántas personas sedientas, Señor? Cuando pronuncio “sed”, pienso en la mía y en la de tantos sedientos que llevan su cántaro vacío… Tienen casas, bienes, familia, todo lo que anhelaron, no obstante, se sienten vacíos. Sus cántaros son hermosos por fuera pero sólo los dejan ver por dentro a quienes se acercan con los pies descalzos, sólo a quienes sienten que no los van a juzgar, quienes se acercan en nombre tuyo.
Mi cántaro también está necesitando renovar su agua. Si mi alma fuera un pozo estaría ansiando cavar en las profundidades, no importa a cuántos metros se encuentre la napa, perfórala y saca el agua más pura y cristalina que se pueda beber y que refresque a cuantas personas se acerquen a buscar agua. Porque, en definitiva, será a ti “a quien buscan” (cf. Jn 18, 7).
Perforar mi tierra será como acrisolar las paredes de mi corazón, no importa el tiempo que me lleve porque sé que a ti te bastaría una sola palabra; pero respetas nuestra libertad, nuestros límites y tienes paciencia de nuestras faltas.
En «Cuando llegue el momento» he leído la profunda experiencia de amistad de dos hombres que te buscaban a vos desde sus culturas y creencias. Charlaban cuando podían de sus vidas, de la realidad que los asechaba en medio de la guerra y del odio. Estos hombres buscaban un tiempo para cavar sus pozos, hasta el punto que uno fue capaz de dar la vida por su amigo, para que más adelante el otro también pudiera derramar su sangre por ti.
Esta experiencia va tomando otro color. Del color del agua pura, que lava, limpia, refresca y sacia, va tornándose al color de la sangre derramada, el color del amor, de la entrega, del sacrificio. Agua y sangre. Sangre y agua. Como los que brotaron de tu corazón traspasado en la cruz. Amor y Misericordia. Vida entregada por muchos.
Tú sabes, Señor, lo que pasa por mis tuberías,
Todo aquello que no comprendo y busco comprender,
Todas aquellas situaciones que me exceden,
Que en ocasiones tengo que decir: ¡Basta!
Los problemas y las dudas de las personas que me rodean. Su incapacidad de amar, perdonar y de rezar. Sí, de rezar. Porque de la oración es donde saco mis fuerzas. En la oración es donde me siento amado. En la oración es donde se despejan mis dudas. En la oración es donde puedo descansar…
La cabeza sigue trabajando, pensando, buscando respuestas, pero el corazón empieza a latir, empieza a imponerse, porque a él no le importan razones; le importa lo que siente, realiza su propia experiencia para quedarse con ella. Mas el corazón también conoce de ingratitudes, de falsedades, de incoherencias propias y ajenas; sufre, calla, pero ora; no pierde las esperanzas, sigue apostando. Tal vez necesite de algún escudo para protegerse y no terminar dañado con la primera mirada que se encuentre… deberá ejercitarse en el arte de amar y en el arte del perdón, de lo contrario no podrá ser portador del agua que necesitan otros cántaros…
“Señor, tú me sondeas y me conoces […] tienes puesta tu mano sobre mí; una ciencia tan admirable me sobrepasa: es tan alta que no puedo alcanzarla. ¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu? ¿A dónde huiré de tu presencia?”
(Salmo 139)
Hno. Humberto Ruiz Díaz, f.d.p.

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